Oigan ustedes, si unos señores que cobran una burrada por decir idem, se desmarcan con una propuesta que haría reir si no la hubieran soltado en serio (aunque visto el recochineo general poca prisa se han dado en tirarse para atrás, los muy cobardes) lo procedente es darles la somanta a ellos, y no plantarnos en plan sado frente a su ventana, que aún se van a excitar los muy joíos.
La cuestión es, que la suya es una propuesta tan absurda - reducir el contrato para jóvenes a un no-contrato, como muy agudamente lo define Jose - que se le quitan a una las ganas de contraargumentar, porque la verdad es que los argumentos son tan evidentes que ya hasta aburren. Pero como algo hay que decir, que aquí todo el mundo se está quedando a gusto menos yo, pues algo me saco de la manga…
Lo que más gracia me ha hecho es que hayan comparado esta propuesta al modelo francés. Por dos razones: la primera, porque el CNE (contrat de nouvelle embauche) francés se parece en poco a la propuesta de la CEOE; como mucho en la posibilidad de despedir injustificadamente, porque con el CNE el empresario cotiza (aunque con bonificaciones); hay una indemnización (pequeña: un 8%); evidentemente no es posible cobrar por debajo del salario mínimo y, en resumen, las demás condiciones son casi iguales a las de un contrato indefinido de los de toda la vida.
La segunda razón es que, ya que proponen crear un tipo de contrato en base a un modelo existente, podrían al menos comprobar si ese modelo funciona aplicado a la realidad, y ¿lo hace? veamos la gráfica:

Mmmh, no parece que el CNE (creado en 2005) haya hecho mucho por reducir el desempleo juvenil… incluso se diría que cuando asoma una crisis el paro juvenil se dispara bastante por encima de la media nacional.. ¿quiere decir que es una medida completamente inútil?
Bueno, no tanto… según una encuesta realizada por el IFOP, el 29% de los empresarios que contrataron bajo la modalidad del CNE (entre 350.000 y 450.000 contratos nuevos en 2006) declararon que esta modalidad les permitió tomar la decisión de contratar a alguien, en otras palabras, que vieron el cartelito de rebajas y decidieron que igual les hacía falta otro obrerito. El resto, un 71%, declaró que ya tenía intención de contratar y que en todo caso decidieron sustituir otras modalidades de contrato (mayoritariamente indefinidos) por el CNE. Es decir, que el 71% de los empresarios se subieron ligeramente al carro de los contratos basura cuando no era estrictamente necesario, sólo por la alegría de poder despedir cuando les dé el gusto. O sea que inútil del todo no es, aunque sólo le vean la gracia algunos.